jueves, 1 de agosto de 2013
miércoles, 3 de julio de 2013
Los diez perritos
Yo tenía diez perritos,
uno no come ni bebe:
no me quedan más que nueve.
De los nueve que me quedan,
uno se comió un bizcocho:
no me quedan más que ocho.
De los ocho que me quedan,
uno se comió un mollete:
no me quedan más que siete.
De los siete que me quedan,
uno se lo llevó el rey:
no me quedan más que seis.
De los seis que me quedaban,
uno se mató de un brinco:
no me quedan más que cinco.
De los cinco que me quedan,
uno se mató de un salto:
no me quedan más que cuatro.
De los cuatro que me quedan,
uno se tragó un “bisté”:
no me quedan más que tres.
De los tres que me quedaban,
uno se murió del sol:
no me quedan más que dos.
De los dos que me quedaban,
uno se murió de un susto:
no me queda más que uno.
A ese perro que me queda,
me lo ha matado un becerro:
no me queda ningún perro.
(Popular, tiene muchísimas variantes.)
viernes, 14 de junio de 2013
Mi Vaquerillo
He dormido esta
noche en el monte
con el niño que
cuida mis vacas.
En el valle
tendió para ambos
el rapaz su raquítica manta,
¡y se quiso
quitar -¡pobrecillo!-
su blusilla y
hacerme una almohada!
(…)
¡Me daba una
lástima
recordar que en
los campos desiertos
tan solo pasaba
las noches de
junio
rutilantes,
medrosas, calladas,
y las húmedas
noches de octubre,
cuando el aire
menea las ramas,
y las noches del
turbio febrero,
tan negras, tan
bravas,
con lobos y
cárabos,
con vientos y
aguas!...
(…)
He pasado con él
esta noche,
y en las horas de
más honda calma
me habló la
conciencia
muy duras
palabras…
Y le dije que sí,
que era horrible…,
que llorándolo el
alma ya estaba.
El niño dormía
cara al cielo con
plácida calma;
la luz de la luna
puro beso de
madre le daba,
se lo puso mi
boca en su cara.
Y le dije con voz
de cariño
cuando vi clarear
la mañana:
“¡Despierta, mi
mozo,
que ya viene el
alba
y hay que hacer
una lumbre muy grande
y un almuerzo muy
rico!...¡Levanta!
Tú te quedas
luego
guardando las
vacas
y a la noche te
vas y las dejas
¡San Antonio
bendito las guarda!
Y a tu madre a la
noche le dices
que vaya a mi
casa,
porque ya eres
grande
y te quiero
aumentar la soldada…”
J. M. Gabriel y
Galán
miércoles, 5 de junio de 2013
Los dos conejos
Por entre unas
matas,
seguido de
perros
(no diré
corría)
volaba un
conejo.
De su
madriguera
salió un
compañero,
y le dijo:
-tente;
amigo, ¿qué es
esto?
-¿Qué ha de
ser? –responde-,
sin aliento
llego…
Dos pícaros
galgos
me vienen
siguiendo.
-Sí –replica
el otro-
por allí los
veo;
pero no son
galgos.
-¿Pues qué
son? –Podencos.
-¿Qué?
¿Podencos dices?
Sí; como mi
abuelo.
-Galgos y muy
galgos;
bien vistos
los tengo.
-Son podencos:
vaya,
que no
entiendes de eso.
-Son galgos,
te digo.
-Digo que
podencos.
En esta
disputa
llegando los
perros,
pillan
descuidados
a mis dos
conejos.
Los que por
cuestiones
de poco
momento
dejan lo que
importa,
llévense este
ejemplo.
Tomás de
Iriarte
……….
miércoles, 22 de mayo de 2013
Culebra verde
Si se
arrastra, si repta
en la verde humedad
de su silencio:
no está ciega, no calla.
en la verde humedad
de su silencio:
no está ciega, no calla.
Subrepticia es
el habla:
en su boca sisean
los misterios profundos
de una tierra azotada.
en su boca sisean
los misterios profundos
de una tierra azotada.
Germán Machado
………….
miércoles, 17 de abril de 2013
A un gato
No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.
Jorge Luis
Borges
miércoles, 3 de abril de 2013
El simio y las lentejas
Dicen que un homne traía un saco de lentejas e
entró con él en una espesura de árboles, et puso el saco en tierra e echóse a
dormir por que era cansado. Et estando durmiendo descendió un simio de un árbol
e tomó un puño lleno dellas; desí subióse en el árbol a comer las. Et cayó se
le una lanteja de la mano e descendió por buscarla, e trabándose a las ramas
del árbol para descender, derramáronse le todas las otras que tenía, e non hubo
la primera et perdió todas las otras que tenía.
Calila e Dimna
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