domingo, 22 de septiembre de 2013

El lagarto está llorando



El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos.

Han perdido sin querer
su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado! 


Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.

El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay cómo lloran y lloran,
¡ay!, ¡ ay!, cómo están llorando!

F. G. Lorca



viernes, 6 de septiembre de 2013

"El Hornero"



¡Lindo el pájaro criollo!
Salud, amigo hornero.
¿Otra vez por el pago?
Y ... ¿cómo le va yendo?
Otra vez por el pago
luciendo los aperos
y a poner en el rancho
la gracia de su ingenio.
Aproveche la altura
del palo de telégrafo,
que a usted, como buen criollo,
le ha de gustar ver lejos.
A usted que no le hablen
de tirantes de hierro,
ni de cemento armado,
ni de techos de yeso.
Ni plano necesita.
¡Si ha nacido arquitecto!
Que más saben los pájaros
que muchos sabios viejos.
Con barro que ha amasado
un chaparrón a tiempo,
con unas cuantas pajas
y nada más que eso,
¡qué ranchito más tibio
será cuando esté hecho!
Qué alegría más grande
llenarlo de polluelos,
que serán como el padre
valientes, tesoneros,
como la madre tiernos,
como los dos, horneros.

Ida Réboli


……….

jueves, 1 de agosto de 2013

Los gatos escrupulosos



¡QUÉ dolor! Por un descuido
Micifuz y Zapirón
se comieron un capón
en un asador metido.
Después de haberse lamido
trataron en conferencia
si obrarían con prudencia
en comerse el asador.
-¿Lo comieron? –No, señor:
era caso de conciencia.


Samaniego

miércoles, 3 de julio de 2013

Los diez perritos





Yo tenía diez perritos,
uno no come ni bebe:
no me quedan más que nueve.

De los nueve que me quedan,
uno se comió un bizcocho:
no me quedan más que ocho.

De los ocho que me quedan,
uno se comió un mollete:
no me quedan más que siete.

De los siete que me quedan,
uno se lo llevó el rey:
no me quedan más que seis.

De los seis que me quedaban,
uno se mató de un brinco:
no me quedan más que cinco.

De los cinco que me quedan,
uno se mató de un salto:
no me quedan más que cuatro.

De los cuatro que me quedan,
uno se tragó un “bisté”:
no me quedan más que tres.

De los tres que me quedaban,
uno se murió del sol:
no me quedan más que dos.

De los dos que me quedaban,
uno se murió de un susto:
no me queda más que uno.

A ese perro que me queda,
me lo ha matado un becerro:
no me queda ningún perro.


(Popular, tiene muchísimas variantes.)

viernes, 14 de junio de 2013

Mi Vaquerillo



He dormido esta noche en el monte
con el niño que cuida mis vacas.
En el valle tendió para ambos
el  rapaz su raquítica manta,
¡y se quiso quitar -¡pobrecillo!-
su blusilla y hacerme una almohada!

(…)
¡Me daba una lástima
recordar que en los campos desiertos
tan solo pasaba
las noches de junio
rutilantes, medrosas, calladas,
y las húmedas noches de octubre,
cuando el aire menea las ramas,
y las noches del turbio febrero,
tan negras, tan bravas,
con lobos y cárabos,
con vientos y aguas!...

(…)
He pasado con él esta noche,
y en las horas de más honda calma
me habló la conciencia
muy duras palabras…
Y le dije que sí, que era horrible…,
que llorándolo el alma ya estaba.
El niño dormía
cara al cielo con plácida calma;
la luz de la luna
puro beso de madre le daba,
y el beso de padre
se lo puso mi boca en su cara.

Y le dije con voz de cariño
cuando vi clarear la mañana:
“¡Despierta, mi mozo,
que ya viene el alba
y hay que hacer una lumbre muy grande
y un almuerzo muy rico!...¡Levanta!
Tú te quedas luego
guardando las vacas
y a la noche te vas y las dejas
¡San Antonio bendito las guarda!
Y a tu madre a la noche le dices
que vaya a mi casa,
porque ya eres grande
y te quiero aumentar la soldada…”

J. M. Gabriel y Galán