jueves, 8 de junio de 2017

El estío

Mayo recoge el virginal tesoro;
desciñe Flora su gentil guirnalda;
la sombra busca el manantial sonoro
del alto monte en la risueña falda;
campos son ya de púrpura y de oro
los que fueron de rosa y esmeralda;
y apenas riza su corriente el río
a los primeros soplos del Estío.

 Resultado de imagen de Arroyuelo

El soto ameno y la enramada umbrosa,
el valle alegre y la feroz ribera,
con voz desalentada y cariñosa
despiden a la dulce Primavera;
muere en su tallo la inocente rosa;
desfallece la altiva enredadera;
y en desigual y en tenue movimiento
gime en el bosque fatigado el viento.

 Resultado de imagen de rosal marchito

Por la alta cumbre del collado asoma
la blanca aurora su rosada frente,
reparte perlas y recoge aroma;
se abre la flor que su mirada siente;
repite los arrullos la paloma
bajo las ramas del laurel naciente;
y allá por los tendidos olivares
se escuchan melancólicos cantares.

 Resultado de imagen de Paloma y laurel

Del aura dócil al impulso blando
la rubia mies en la llanura ondea;
del dulce nido alrededor volando
la alondra gira y de placer gorjea;
las ondas de las fuentes suspirando
quiebran el rayo de la luz febea,
y en delicados mágicos colores,
el fruto asoma al expirar las flores.

 Resultado de imagen de Alondra en su  nido

Sobre los montes que cercando toca
la niebla tiende su bordado encaje;
desde el peñón de la desierta roca
lánzase audaz el águila salvaje;
el seco vientecillo que sofoca
cubre de polvo el pálido follaje;
y por el monte y por la vega umbría
crece el calor y se derrama el día.

 Resultado de imagen de águila en la roca

Y en el árido ambiente se dilata
la esencia de la flor de los tomillos,
y lento el río su raudal desata
entre mimbres y juncos amarillos;
y si al cubrir sus círculos de plata
con sus plumeros blandos y sencillos
la caria dócil la corriente roza,
trémula el agua de placer solloza.

 Resultado de imagen de Mimbres y juncos

Del valle en tanto en la pendiente orilla
manso cordero del calor sosiega;
se oyen los cantos de la alegre trilla;
suenan los ecos de la tarde siega;
ardiente el sol en el espacio brilla:
el azul su majestad despliega,
y duermen a la sombra los pastores,
y se abrasan de sed los segadores.

 Resultado de imagen de cordero

Presta sombra a la rústica majada
la noble encina que a la edad resiste;
en su copa de fruto coronada
la vid de verde majestad se viste;
a su pie la doncella enamorada
canta de amor, pero su canto es triste,
que, en el profundo afán que la devora, 
amores canta porque celos llora.

 Resultado de imagen de vid con fruto

Y el eco de su voz, dulce al oído
más que el tierno arrullar de la paloma,
por el monte y el valle repetido,
tristes, confusas vibraciones toma;
y en las ondas del aire suspendido
se escapa al fin por la quebrada loma,
y sin que el aura devolverlo pueda
todo en reposo y en silencio queda.

 Resultado de imagen de loma

Mudas están las fuentes y las aves;
no circula ni un átomo de viento;
cortadas por el sol lentas y graves
caen las hojas del árbol macilento;
tenue vapor en ráfagas suaves
se levanta con fácil movimiento,
y mezclado en la luz su sombra extraña,
va formando la nube en la montaña.

 Resultado de imagen de caen las hojas en otoño

Hinchada, al fin, soberbia, se desprende
del horizonte azul la nube densa,
y el fuego del relámpago la enciende,
y gira por la atmósfera suspensa,
y ya sus flancos inflamados tiende,
ya el vapor de su seno se condensa.
Y soltando el granizo en lluvia escasa
la rompe el trueno, y se divide y pasa.

 Resultado de imagen de rayos y granizo

Y el sol que se reclina en Occidente
de su encendido manto se despoja.
Y en los blancos celajes del Oriente
se pierde el rayo de su lumbre roja.
Brilla la gota de agua transparente
detenida en el polvo de la hoja,
y tendiendo el crepúsculo suplanta
del fondo de los valles se levanta.

 Resultado de imagen de gotas de agua en las hojas de otoño

Como el ensueño dulce y regalado
que en la fiebre de amor templa el desvelo,
vertiendo en nuestro espíritu agitado
la misteriosa esencia del consuelo;
así por el ambiente reposado
de estrellas y vapor bordando el cielo,
breves y llenas de feraz rocío
cruzan las noches del ardiente Estío.

 Resultado de imagen de estrellas

Y en tristes ecos el silencio crece,
y en tibio resplandor la sombra vaga;
la luz de las estrellas se estremece
y en el limpio raudal brilla y se apaga;
Naturaleza entera se adormece
en el hondo placer que la embriaga,
y lleva el aura en vacilantes giros
besos, sombras, perfumes y suspiros.

 Resultado de imagen de rayo de luz

Más puro que la tímida esperanza
que sueña el alma en el amor primero,
su rayo débil desde Oriente lanza,
sol de la noche, virginal lucero;
triste y sereno por el cielo avanza
de la cándida luna mensajero,
por ella viene y suspirando ella
síguele en pos enamorada y bella.

 Resultado de imagen de luna

Cuantos guardáis la tímida inocencia
que a la esperanza y al amor convida;
los que en el alma la impalpable esencia
de su primer amor lloráis perdida;
cuantos con dolorosa indiferencia
vais apurando el cáliz de la vida;
todos llegad, y bajo el bosque umbrío
sentid las noches del ardiente Estío.

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Las del tirano amor, desengañadas,
pálidas y dulcísimas doncellas,
vosotras que lloráis desconsoladas
sólo el delito de nacer tan bellas;
mirad entre las nubes sosegadas
cómo cruzan el cielo las estrellas;
que no hay duda, ni afán, ni desconsuelo
que no se calme contemplando  el cielo.

 Resultado de imagen de contemplando el cielo

Y tú, tierna a mi voz, blanca hermosura,
fuente de virginal melancolía,
más hermosa a mis ojos y más pura
que el rayo azul con que despunta el día;
corazón abrasado de ternura,
espíritu de amor y de armonía,
ven y derrama en el tranquilo viento
el ámbar delicado de tu aliento.
 Resultado de imagen de primer rayo de sol
La dulce vaguedad que me enajena
aumenta la inquietud de mi deseo;
tu voz perdida en el ambiente suena;
donde mis ojos van tu sombra veo;
de amor y afán mi corazón se llena
porque en tu amor y en mi esperanza creo;
y así suspende el sentimiento mío
la tibia noche del ardiente Estío.

 Resultado de imagen de primer rayo de sol

Noche serena y misteriosa, en donde
dormido vaga el pensamiento humano,
todo a los ecos de tu voz responde,
la mar, el monte, la espesura, el llano;
acaso Dios entre tu sombra esconde
la impenetrable luz de algún arcano;
tal vez cubierta de tu inmenso velo
se confunde la tierra con el cielo.


José Selgás

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miércoles, 31 de mayo de 2017

COSANTE 

Con la lengua cortada
y los ojos abiertos
el ruiseñor en la muralla

Ojos de pena acumulada
y plumaje de sangre
el ruiseñor en la muralla

Plumas de sangre y breve llamarada
agua recién nacida en la garganta
el ruiseñor en la muralla

Agua que corre enamorada
agua con alas
el ruiseñor en la muralla

Entre las piedras negras la voz blanca
del agua enamorada
el ruiseñor en la muralla

Con la lengua cortada canta
sangre sobre la piedra
el ruiseñor en la muralla.

Octavio Paz

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En este cosante o Cosaute, Octavio Paz hace rimar los versos de algunos pareados y en otros pareados, no.
Lo que sí hace curiosamente es aplicar un recurso estilístico, llamado “leixaprén o anadíplosis”, consiste en empezar un verso con una palabra del anterior:
Del primer pareado recoge la palabra “ojos”, para empezar el segundo pareado.
Del segundo recoge la palabra “plumas o plumaje”, para empezar el tercero.

Del tercero recoge la palabra “agua” para empezar el cuarto. Y así sucesivamente.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Nana de la tortuga

Verde, lenta, la tortuga.
¡Ya se comió el perejil,
la hojita de la lechuga!
¡Al agua, que el baño está
rebosando!
¡Al agua, pato!
¡Y sí que me gusta a mí
y al niño ver la tortuga 
tontita y sola nadando!


Rafael Alberti

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martes, 16 de mayo de 2017


 El moro de Quiroga

Quiroga tenía un moro,
animal de linda estampa,
fortachón, de pecho abierto
y de sangre vivaracha.

Era de buenos ollares
y altazo de riñonada.
De justa luz bajo el cuerpo
y de vista como brasa.

Siete cuartas generosas
levantaría de alzada.
(Pongamos tres dedos más,
proporción de buena casta).

Coscojero y braceador
y de ley acreditada,
a cien leguas de La Rioja
no admitía comparancia.

Puro músculo la cruz
y medio fino de cañas,
de tan blandito de boca
la intención adivinaba.

Tenía los morros negros
como de noche cerrada.
Las ranillas y los vasos,
ya de negros relumbraban.

La cara era pura sombra,
y una negrura tamaña
como hasta el segundo nudo
de los remos le alcanzaba.

¡Y qué decir de la cola,
si ni el cuervo tendrá el ala
con ese fulgor retinto
de moro de tanta estampa!

En un manto gris parejo
el pelaje le brillaba,
más al filo del verano,
cuando iba entrando en mudanza.

De puro voraceador,
el general lo aperaba
un poco al uso llanista
y otro al que se le antojaba.

Un par de estribos chilenos
iba luciendo con ganas.
Eran de los de baúl,
con labraduras bizarras.

Más fiestero que un domingo,
empezando por las matras,
un recado de mi flor
calidad le acreditaba.

El sobrepuesto, del lujo
ya era cosa temeraria.
Le reventaban claveles
en las esquinas bordadas.

Flete con un Potosí
en riendas y cabezadas,
se mostraba regalón
de ir refucilando plata,

pues era plata el fiador,
con más antojos que dama,
y plata los pasadores
y las virolas de plata.

Quiroga llevó la muerte
en la punta de su lanza.
Tanto cantaba una flor
como lucía una daga.

Cóndores y bolivianos
a una sota le apostaba
como se largaba al monte,
metiendo miedo a las ánimas.

Fue varón de tres pasiones:
puñal, amor y baraja.
Como otras tantas culebras,
le devoraban el alma.

Por ser de quien era, el flete
se merecía por marca
una "M" como de muerte
con una flor enlazada.

Era pingo de respeto,
de condición ponderada.
Onzas y soles orondos
se confiaban a sus patas.

Amagándole la espuela,
ya se moría de ganas
y en un galope limpito,
las leguas se trajinaba.

Apenas desensillado
-puro relincho y pujanza
en unas carreras locas,
las crines le tremolaban.

Hacía sonar las coscojas
con una inquietud tamaña.
A cruzados y trabados
les corría con ventaja.

Animalito aparente,
era de virtudes raras
y medio facultativo
en cuestión de adivinanzas.

Unos lo tenían por brujo
y otros por pingo de cábala,
desde que en toda ocasión
Quiroga lo consultaba.

No hubo caso ni suceso
que el moro no adivinara:
lo mismo anunciaba triunfos
que otra suerte de las armas.

Nadie lo enfrenó después
del revés de La Tablada,
y ni al mismo general
dejó que se le sentara.

(Quiroga no lo montó
en esa ocasión contraria,
y el moro era de opinión
de no presentar batalla).

De halago, se lo prestó
a ese otro varón de entraña,
López -don Estanislao que
Santa Fe gobernaba.

Tanto se le aficionó
que dio en ponerle su marca,
haciéndolo de su silla
para ocasiones de gala.

Vaya a saber en qué montes
entregó -si tuvo- el alma,
como que siendo tan brujo,
no sería cosa extraña.

Se habrá echado a bien morir
en unas blanduras pampas,
él, que tenía el cuero duro,
hecho a jarillas y zarzas.

Le obedecería aún
la cabeza levantada.
Los ojos, como parados
de mirar a la distancia.

Se le habrá representado
un entrevero de lanzas,
un paisano barba crespa,
algunas tierras sin agua...

¡Quién sabe si se repite
moro de tanta ventaja!
No se le supo la cría,
pero con lo dicho basta!


León Benarós

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martes, 9 de mayo de 2017

En las mañanicas

En las mañanicas
del mes de mayo
cantan los ruiseñores
se alegra el campo.

En las mañanicas,
como son frescas,
cubren los ruiseñores
las alamedas.

Ríense las fuentes
tirando perlas
a las florecillas
que están más cerca.

Vístense las plantas
de varias sedas,
que sacar colores
poco les cuesta.

Los campos alegran
tapetes varios;
cantan los ruiseñores,
se alegra el campo.

Lope de Vega


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miércoles, 3 de mayo de 2017

Las mil mentiras

Ahora que vamos despacio
vamos a contar mentiras:
por el mar corren las liebres,
por el monte las sardinas.

Yo salí del campamento
con hambre de seis semanas:
me encontré con un ciruelo
cargadito de manzanas.

Empecé a tirarle piedras
y caían avellanas.
Con el ruido de las nueces
salió el amo del peral.

-Niños, no tiréis más piedras,
que no es mío el melonar,
que es de una pobre señora

que me lo mandó cuidar.

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