El rodaballo
Enrejado,
son mis límites al acecho.
Mis bordes definen el cuerpo,
no se expande lo que no ves,
y el ojo unido al suelo
que hasta la palabra se vuelve estrecha
Alguien sentado en la estepa,
es una prótesis de mi cuerpo:
por él canto, por él pienso,
y su mente la tengo enterrada en el fango.
Algún día, me lanzarán un guijarro,
en su caer desgarrará la noche que conozco,
y al herir mi costado,
la herida será el vacío entre la luz del sol y este diminuto contorno,
y sabré que todo fue en vano.
Esperar y callar es lo que queda.
¿Acaso supurará la penumbra en mis vértebras.
Luis Cruz Álvarez
